Los griegos que dejaron de usar el euro PDF Imprimir E-mail
Sábado, 16 de Junio de 2012 02:35
Eduardo Febbro-Página 12

Cada producto o servicio que se ofrece en trueque está recopilado en un fichero central que le atribuye su valor en la moneda TEM (un TEM, un euro). La idea se extendió a otras ciudades como Pieria, Chania, Lesbos, Lerapetra, Rodopi y Heraklion.


En la patria natal del pintor Giorgio De Chirico, el euro es casi una metáfora desde hace mucho. A casi cuatrocientos kilómetros de Atenas, el euro fue cediendo poco a poco el lugar al TEM, una moneda alternativa de uso corriente en esta capital donde está uno de los mayores puertos comerciales del país. Yiannis Grigoriou ocupa una modesta mesa ubicada en el mercado central de Volos. Este sociólogo griego creador del TEM es un banquero poco común: una mesa enclenque y una computadora donde registra las transacciones efectuadas por medio del TEM constituyen su material de trabajo. “Nos fuimos dando cuenta de que no necesitamos tanto el euro como pensábamos”, dice Yiannis Grigoriou. La idea surgió el año pasado y pronto atrajo a un montón de gente que terminó constituyendo una red de casi mil personas. El TEM funciona como una moneda de intercambio. Es el instrumento inmaterial de un trueque donde un euro equivale a un TEM. Cada producto o servicio que se ofrece en trueque está repertoriado en un fichero central que le atribuye su valor en TEM. Los integrantes de la red se inscriben en Internet y tienen una cuenta cotizada en TEM mediante la cual venden y compran a través de este sistema de trueque. La moneda, de hecho, no existe. Es apenas un papel donde se inscribe el valor para permitir el trueque. “Si la primavera no llega, invéntala”, dice el poema del escritor griego Odysseas Elytis (Premio Nobel de Literatura 1979). Una parte de Grecia optó por la reinvención de la realidad.

Cursos de cocina a cambio de clases de inglés, servicios varios por plantas, joyas, aparatos, alimentación, libros, cursos de yoga o repuestos, todo puede cambiarse en TEM según el valor de lo ofrecido y su equivalente compensatorio. En momentos en que el país se hunde en un abismo visible de pobreza, desempleo, cesación de pagos y el cierre masivo de comercios, el TEM vino a representar, más que una moneda de intercambio, un “sistema de esperanza”, según lo define Yiannis Grigoriou. Las crisis generan soledad, y el TEM propone contactos. La idea de Yiannis resultó tan útil como original porque impulsó una alternativa de relaciones tangibles. “La gente que participa en la red no sólo hace trueque sino que, sobre todo, entra en una relación de ida y vuelta, es decir, dar y recibir. El TEM funcionó como un capitalizador de la esperanza.” Aunque la respalda, Panos Skotiniotis, el intendente de Volos, mira la iniciativa con cierto recelo. “No va a reemplazar el euro. El TEM es una forma de seguir adelante, de demostrar que la vida continúa y, a su manera, de probar salir de la profunda crisis económica y social”, dice el intendente.

El tributo que Grecia ha pagado por su mantenimiento dentro de la Eurozona (17 países de los 27 de la Unión Europea) es tan alto que, para algunos habitantes de Volos, la moneda única europea es de pronto algo “que pertenece al pasado. Se tragó al país. Tenemos que dejar el euro detrás nuestro e inventar otra forma de existir”, asegura Jritos, un comprador en TEM. El sistema creado en Volos se extendió a otras ciudades, con mayor o menor éxito. Pieria, Chania, Lesbos, Lerapetra, Rodopi y Heraklion se agregaron a la lista de esta iniciativa ciudadana para tiempos adversos. De hecho, el TEM retoma una idea que ya estaba en curso desde 2009 en la ciudad de Patras, al norte de la península del Peloponeso. Se trata del Ovolos, una red de trueque cuyo nombre retoma la denominación de una antigua moneda griega que funcionaba a partir de un intercambio de servicios. Atenas y su región también ensayaron poner en práctica una suerte de LETS (sistema de intercambio local) llamado ATI. La plataforma de intercambio comunitario autoriza el uso del euro, pero también su equivalente en ATI (lo mismo que el TEM).

Jritos dice que el “TEM no es una alternativa al euro sino a la vida misma”. Para este cincuentón bien cuidado, ingeniero sin sueldo desde hace cinco meses, el TEM “nos vino a demostrar que todos valemos más que la plata que tenemos en el banco, que todos tenemos algo que dar de valor”. A diferencia de la moneda emitida por los bancos, esta unidad de trueque pone a la gente en relación mucho más estrecha. La crisis activó en Grecia un montón de iniciativas ciudadanas. Los griegos que se mueven detrás de estas iniciativas citan a menudo a la Argentina de 2001 como ejemplo de producción de monedas locales y otras ideas novedosas que rompen con el esquema liberal. En marzo pasado, un grupo de activistas de la norteña ciudad de Katerini lanzó lo que hoy se conoce como la “revolución de la papa”. Una idea simple, pero eficaz: vender papas y otros productos agrícolas sin pasar por los intermediarios, es decir, los supermercados, y abaratar así el costo para el consumidor, al tiempo que el agricultor incrementa su propia ganancia. Los pedidos se hacen por teléfono o por Internet. Luego, compradores y vendedores acuerdan una cita, por lo general en un parking, y la transacción se efectúa sin ningún intermediario. La falta de medios empujó el crecimiento de este modo de comercio directo donde Internet es, casi siempre, el punto de articulación. El portal Gine Agrotis promueve el encuentro entre productores y consumidores sin pasar por los intermediarios clásicos que incrementan el precio final del producto.

Pero estas iniciativas comunitarias no ocultan el bosque denso que dejó plantado la crisis. En Plaka y Monastiraki, los dos barrios de Atenas que suscitan la pasión universal de los turistas, hay varias vidas dentro de una. De día, entre músicas y distracciones para imantar a los turistas, chucherías y sándwiches gyros, se desprende una algarabía que contrasta con la realidad del país. Pero es un espectáculo para turistas. Apenas cae la noche, la Atenas real emerge con su pesadumbre. Un par de cuadras más arriba aparecen las siluetas de quienes no tienen siquiera donde dormir y se acomodan con cartones allí donde hay un rincón libre. Vida indigesta. “Una marcha de sombra a la orilla de la Quimera”, dice otro poema de Odysseas Elytis. Espectáculo de la caída sin mediaciones. Grecia se empeña en seguir la ruta trazada por un graffiti pintado en las calles del centro: “Ve más rápido que la desintegración”. Pero el bosque avanza sobre la ciudad. Las calles con gente a la vera del camino son la realidad de una ciudad que cuenta con más de 20 mil personas sin techo. Los muros siempre cubiertos de graffitis y protestas son el relato continuo del alma magullada por la puñalada de una clase dirigente que gastó lo que no tenía, y de un sistema internacional que busca cobrar la deuda que él mismo originó.